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Eficiencia, productividad y la exigencia de producir resultados

Estamos acostumbrados a vivir en un mundo donde se nos pide ser eficientes, que hagamos mucho y que produzcamos a toda costa.

Nos han enseñado que entre más trabajemos, más eficientes somos. Si pasamos muchas horas en la oficina, entonces tenemos contento a nuestro jefe. Es más, nos sentimos mal cuando salimos de la oficina antes que nuestros compañeros, a veces porque pensamos que podríamos hacer más, pero a veces porque creemos que seremos juzgados como flojos o poco productivos.

Recientemente ha circulado por diversos medios artículos que afirman que México es uno de los países donde la gente trabajada más y pasa más horas en la oficina. De hecho es muy común encontrar gente que pasa trabajando los fines de semana, descuidando otras actividades que deberían complementar su estilo de vida. Entonces, ¿Por qué, si trabajamos tanto, no somos los que más riqueza producimos?

Una de las respuestas que podemos encontrar a simple vista es: Trabajamos más, pero producimos menos, debido a que lo que hacemos no genera un valor real. Podemos pasar horas en la oficina, pero sería muy bueno preguntarse cuántas de esas horas las aprovechamos para hacer cosas realmente importantes. El tiempo lo podemos ocupar en muchísimas cosas, desde la plática tempranera acerca del futbol con los compañeros de trabajo, hasta darse cinco, quizá diez vueltas a las redes sociales por día dentro de la oficina. Pero si nos ponemos a pensar, estas actividades son visiblemente una pérdida de tiempo, sabemos que podríamos terminar antes nuestro trabajo si dejamos de hacerlas.

El problema radica en que existen otros muchos factores que no nos permiten ser eficientes en nuestras actividades. Como se ha expuesto en otras de nuestras colaboraciones, si hacemos cosas que creemos importantes pero que no producen ningún valor, estamos también faltando a la eficiencia. Invertir horas en leer correos electrónicos que no resolverán nada, atendiendo reuniones sin sentido o las frecuentes conversaciones de pasillo nos podrían significar un gasto en horas considerable si las midiéramos a lo largo de nuestra vida laboral.

Eficiencia no es administrar el tiempo, porque por definición el tiempo no es administrable, el tiempo pasa y está fuera de nuestro control. Eficiencia es hacer más con menos, es establecer prioridades y realizar lo que produzca resultados reales. Eficiencia es dejar de hacer aquello que nos consume tiempo y no representa un valor real.

El costo de no ser eficientes es altísimo, no solo para nuestras empresas, también repercute directamente en nuestra vida personal. Si planteamos escenarios en donde puedas salir tres horas antes de la oficina y ocuparlas para realizar las cosas que más te gustan, o donde le ahorremos a nuestra empresa horas de luz y gasto de recursos, ¿no crees que te quedaría una mayor satisfacción?

Si ocupamos nuestro tiempo de forma más eficiente, tendríamos tiempo de ocupar el tiempo sobrante a actividades que llenen tu vida personal, y por el lado de nuestro trabajo, estaríamos entregando más valor a nuestra organización con menos recursos, en consecuencia entregaremos mejores resultado y seremos más valorados.